La playa que me bañó

CATEGORÍAS: Historias de placer|Encuentro intensos
Aquella vez Eva me descubriría un mundo de placer en el Squirt que no imaginaría sobre todo cuando se corrió en mi cara a chorros.

No soy persona de relaciones sentimentales estables ni largas.

No me gustan.

No son ni mejor ni peor, solamente que hasta la fecha no van conmigo, aunque hubo un tiempo que las quise en mi vida. De hecho y, gracias a ese periodo, aprendí grandes cosas que me ayudaron a sobrellevar los momentos más escabrosos sobre el amor y el desamor.

Si me preguntan a día de hoy si el amor existe contesto que sí, pero eso es lo que suelo decir en voz alta.

Lo que suelo decir en voz baja es que, para mí, el amor eterno dura 2 años como mucho. Repito: Sí que creo, pero es pasajero.

Como he dicho con anterioridad, todo en la vida tiene su parte buena y su parte mala. Si no le has encontrado parte buena es que no la has buscado bien o te niegas a verla. La parte buena de haber tenido mi periodo de enamoramiento y parejas fue encontrar a la mujer perfecta.

¿La mala? Saber que ya ha pasado por tu vida y que nunca volverá.

De ella me quedo con todos los momentos de ilusión vividos y todo mi despertar sexual porque descubrí verdaderas delicias como el recibir una corrida femenina sobre mí o eyacular en la cara y en la boca de una mujer sin sentirme culpable (por supuesto respetando siempre sus gustos).

Y una de ellas es de lo que trata esta historia.

Era morena, más baja que yo, con unos ojos negros preciosos que penetraban hasta tu cerebro cuando te miraban fijamente. Unas curvas bonitas en su cintura que marcaban un gracioso culo respingón.

Sus labios carnosos rosas y su piel tersa y blanca le daban un toque oriental acompañado por unos ojos grandes y ligeramente rasgados hacia arriba.

Sus pechos eran grandes y suaves, y, además, muy naturales al tacto aun siendo operados.

Yo le sacaba un ligero parecido a Scarlett Johanson, pero claro, sería una mezcla de la admiración de la belleza que profeso a esa actriz, siendo, de hecho, un fetiche sexual para mí, y del amor que sentía por Eva.

Hasta la fecha, yo había tenido relaciones normales y monótonas. Disfrutando el sexo de una forma escasa y lineal pero placentera, al fin y al cabo.

Descubrí que con ella iba a ser distinto cuando la besé por primera vez. Acercaba y rozaba su entrepierna contra la mía sin importarle quién hubiera alrededor y dónde nos encontrábamos.

Lo confirmé al quedar la tercera vez con ella.

Mientras íbamos en coche hacia la playa simuló como si se le cayera algo en el suelo del coche y, mientras yo conducía, me sacó la polla y me hizo una mamada tan intensa que en dos minutos me corrí. Yo cuando me corro, me corro en cantidad y además me andaba reservando para ella casi una semana y quedo constancia cuando le solté toda la leche en la boca.

¡Cómo disfrutaba tragándose mi semen! Se escuchaba ese ruido de saliva que tragas de forma ruda ante una incómoda situación y notaba como en cada engullida su boca apretaba mi glande que no paraba de chorrear lefa para ella.

—¡Qué rica tu leche! —me dijo mientras se levantaba y secaba sus carnosos labios y alrededores de estos— ¡Y cuánta! ¡Cómo me gusta!

Yo solo podía mirarla estupefacto por el asombro sin saber qué decir, solo podría jadeaba del placer.

—Mira que cara se le ha quedado. ¡Anda! Baja del coche y vamos a la playa.

En la arena hubo más juegos sexuales.

El que más me gustó fue estar tumbado boca abajo en la toalla a su lado. Sentir como su mano buscaba la mía. La agarraba y se la ponía entre las piernas. Continuaba moviendo sus caderas y a masturbarse con mis dedos mientras me miraba fijamente a los ojos.

Su boca se entreabría intentando no gritar, pero algún gemido más alto de la cuenta llegaba hasta mis oídos y hacía que mi polla se pusiera dura.

Cuando se iba a correr, su cabeza empezaba moverse de arriba hacia abajo como quien indica un repetidamente. Un líquido caliente comenzaba a mojar mi mano y los movimientos de sus caderas se volvían por unos segundos más bruscos.

Yo esperaba a retirar mi mano de su coño y lo hacía cuando volvía a abrir sus ojos mientras me sonreía. La acercaba a mi boca y lamía mi premio como quien lame un helado que se le derrite rápidamente. Por su cara de satisfacción se notaba que eso le complacía.

Me encantaba su sabor, el de su entrepierna.

Una mezcla de dulzor con un toque ácido. Un sabor que nunca más he encontrado en otra mujer, y un sabor que, gracias a los tremendos orgasmos acompañados de squirts que ella siempre tenía, jamás podrán desaparecer de mi cabeza.

Después de ese juego, repetido durante tres o cuatro veces, nos dimos cuenta que eran más de las nueve y media de la noche y que la playa a la que solíamos ir se había quedado vacía.

Tenía una fuerte presión en la polla de las erecciones que había estado teniendo durante toda la tarde mientras ella se corría una y otra vez. Cuando me di cuenta de que todo el mundo se había ido me puse de pie, y mientras ella estaba sentada, me saqué la polla y se la metí en la boca. Sin mediar palabra.

Me quedé quieto esperando otra mamada, pero en vez de eso su legua se enroscó en mi glande unos segundo, la agarró con la mano y se la sacó de la boca:

—Ya no puedes aguantar más ¿No? Tienes que estar que revientas. ¿Por qué no usas mi boca como si fuera un coño y te la follas? —dijo mientras me miraba y me masturbaba un poco.

Me quedé asombrado, supongo que debido a que la acumulación de la mayoría de mi sangre se encontraba concentrada en un sitio de mi cuerpo y no había más para que el cerebro pensase.

Lentamente empecé a meter y sacar mi polla de la boca de Eva con mucho cuidado mientas acariciaba su pelo negro, pero me di cuenta que sus ojos, clavados en los míos, tenían detrás de su mirada una sonrisa piadosa escondida.

Sentí como sus manos se agarraban a mis piernas y empezó a forzar su propia cabeza para acabar introduciendo y sacando mi polla del fondo de su garganta con una violencia sexual que solo había visto en películas porno. Su mirada decía esto se hace así, idiota.

Consiguió que mi prudencia por no causarle alguna arcada se volviera salvaje y desesperada por descargar mi leche en el fondo de su garganta.

Agarré su cabeza con mis dos manos y empecé, literalmente, a usarla para mi autosatisfacción como si se tratara de un Fleshlight[1].

Mi mente no sentía nada más y yo solo podía ver su cara de placer, sus ojos que se tornaban en blanco con cada embestida, sus jadeos ahogados por mi polla y su saliva. Como si me la follara salvajemente a cuatro patas, pero penetrando su boca en vez de su coño.

Yo sentía un placer y una liberación como nunca antes había sentido. Noté que mis huevos, ya hinchados por tanta excitación previa de juegos eróticos derivados en sus orgasmos, se estaban llenando aún más de lefa.

El sudor que mojaba mi espalda se enfrió a causa de una ligera brisa que empezó a soplar y aquella sensación recorrió como un rayo todo mi cuerpo, consiguiendo erizar mi piel.

Un latigazo de estímulos golpearon mi columna y empujé mi polla lo más profundo que pude dentro de su garganta.

Me quedé inmóvil. Todo iba a cámara lenta.

Notaba como el semen se dirigía de mis huevos a mi polla y en ese momento me dejé llevar:

Saqué mi verga, embadurnada de la saliva del fondo de su garganta, la puse frente a su cara y me corrí como pocas veces me había corrido.

Los chorros de semen salían con una presión increíble y llenaron prácticamente toda su cara. Muchos cayeron dentro de su boca y si no, Eva, hacía porque entraran dentro de ella, y cada vez que lo conseguía, se relamía de placer.

Del extremo deleite caí de rodillas en la toalla, llena también de leche. Las piernas me temblaban y poco a poco el estado aletargado de mi cerebro desparecía. Ella me abrazó y me llevó con sus brazos a tumbarme del todo en la toalla.

Yo aún temblaba.

Cuando caí recostado en el suelo miré hacia arriba. Ni me había percatado que Eva se había empezado tocarse. No sabía cuándo, pero por los gestos que expresaba con su cara estaba a punto de correrse.

No podía apartar la mirada de su precioso, rosado y abultado coño. Con una mano se masturbaba mientras con la otra seguía limpiándose el semen de la cara y comiéndoselo como si de un manjar se tratara.

Siempre pensé hasta aquel día que a todas las mujeres les daba asco. Ahora sé que no a todas, aunque sí a muchas.

Sin nadie en la playa sí que podía gritar, ¡Y vaya si gritó!:

—¡Ay, Andrés! ¡Creo que me voy a correr, ya ¡YA! No quiero para de correrme. Así.

Me encantó —y me encanta— oír esa clase de lenguaje en el sexo. Me ponía mucho más.

Y yo, que seguía mirando a su precioso coño lo vi: Vi como sus caderas temblaban a la vez que de su boca salía un ¡Me corro! A gritos mientras un pequeño chorro de líquido transparente apareció sutilmente de su entrepierna:

–¡Sí! —musité con tono satisfecho viendo como caía en mi pecho. Estaba caliente, pero no esperaba lo siguiente.

Emepezaron a salir barbaridades de chorros extremos como el de un grifo recién abierto, con una presión extraordinaria salían mientras Eva, con dos dedos tiraba de su clítoris hacia arriba. Lo movía salvajemente con movimientos circulares y volvía a parar tirando de nuevo hacia arriba.

—¡AHORA! ¡AHORA! —gritaba mientras sus ojos miraban a los míos y movía su cabeza de placer.

Eran corridas interminables, de varios segundos.

Fueron a parar a mi pecho, a mi cara y a mi polla que aún estaba fuera de mi pantalón.

Fue tal la excitación y lo que me gustó que intenté acercar la boca para probarlo, pero en ese momento cesó.

Sentí la mano de Eva que me agarraba el pelo de la cabeza y me ponía muy cerca su coño mientras seguía masturbándose. Volvió a tirar de su clítoris hacia arriba con dos dedos, anunciando lo que volvía a venir.

–¡Toma corrida! ¡TOMA! —gritaba sin control.

Como me ponían aquellas expresiones tan soeces y más viniendo de ella ya que aparentaba ser una chica delicada y bastante educada en sus palabras… pero el sexo deja salir los pensamientos más ocultos de la gente.

Un segundo chorro, aún más fuerte que el primero, salió disparado directamente a mi cara y chorreó hasta mi boca.

Ese squirt, aquella corrida femenina que me impactó en la cara, al igual que mi corrida, que aún tenía en la suya, fueron para marcarnos, siendo territorio el uno del otro como personas gratas para el placer mutuo.

El tercer chorro hizo que Eva cayera a mi lado exhausta y jadeando. Aun con su mano chorreando entre sus piernas, nos miramos y nos besamos un buen rato. Disfrutando ambos de su sabor, ese sabor que aun a día de hoy no consigo olvidar.

Aquella fue la primera vez que ella se corrió así y después de una larga conversación decimos que las siguientes veces el sexo tendría que ser más intenso que esta que os cuento.

Así fue durante el tiempo que estuvimos juntos, siempre hablábamos abiertamente de nuestras relaciones, de lo que queríamos hacer y probar. Coincidíamos en casi todo lo que nos gustaba y en lo que no.

Quizá en otro relato os cuente algunos orgasmos más de los que tuvimos los dos juntos ya que fueron de los más impresionantes que he tenido a día de hoy.

Mujer teniendo un squirt sobre la cara de un hombre en la playa
Imagen real de lo que pasó 🙂

[1] Conocida también como “vagina en lata” es un masturbador masculino con forma de vagina hecho normalmente con silicona quirúrgica.

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Vanessa S. A.
– Escritora de literatura erótica –

Gracias por pasar por aquí: mi gran afición es escribir #RelatosEróticos o como yo lo llamo #PornografíaLiteraria.

Escribo para mí y porque lo necesito, por eso no espero la aprobación de nadie. Este tema me fascina y por eso lo elegí.

Estas son mis vivencias y experiencias, ni mejores ni peores que otras. Lo que sí te pido es que las respetes. Si te gusta lo que lees deja un like ❤️. Un abrazo y se feliz.